En la Calzada de Amador, con vistas privilegiadas hacia el Pacífico y a pocos minutos de la ciudad, el Biomuseo se presenta como uno de los espacios culturales y científicos más atractivos para visitar. Su propuesta combina conocimiento, tecnología e impacto visual para explicar de manera didáctica cómo se formó el istmo y cuál es su importancia en la historia natural del mundo. Desde el primer acercamiento, el edificio llama la atención. Diseñado por el prestigioso arquitecto Frank Gehry, su estructura rompe con los esquemas tradicionales: techos irregulares, formas superpuestas y colores intensos como rojo, naranja y amarillo generan una imagen moderna y muy fotogénica. Su diseño remite a capas de la corteza terrestre y busca representar los procesos geológicos que dieron origen a este territorio.
Salas que invitan a viajar millones de años atrás El recorrido interior está pensado como una experiencia inmersiva. A través de galerías interactivas, proyecciones audiovisuales y montajes escenográficos, el visitante puede comprender cómo la aparición del istmo permitió la conexión biológica entre América del Norte y del Sur, modificando ecosistemas completos. Las exhibiciones abordan la evolución de la flora y fauna desde tiempos prehistóricos hasta la actualidad, destacando especies emblemáticas del país. Entre ellas, el águila arpía, ave nacional, y el perezoso, uno de los animales más representativos de sus selvas. También se pone en valor la riqueza botánica tropical, con referencias a plantas y flores propias de la región. El museo suma además acuarios con peces. característicos de los entornos marinos panameños y recursos visuales de gran impacto, como la réplica de un megalodón, que permite dimensionar la magnitud de la vida oceánica en otras eras geológicas.
Una propuesta educativa y visualmente impactante Recorrer el Biomuseo es adentrarse en una narrativa donde la ciencia y el arte dialogan de forma permanente. Cada sala está pensada para que el visitante no solo observe, sino que interactúe y comprenda los procesos naturales que dieron forma a la biodiversidad actual. Por su contenido, su diseño arquitectónico y su enfoque didáctico, se trata de una visita especialmente interesante para los amantes de la naturaleza, así como para quienes desean sumar una experiencia educativa diferente durante su paso por la ciudad.
En la provincia caribeña de Colón, donde el tránsito marítimo marca el pulso cotidiano, se encuentra Colón 2000, un complejo portuario-comercial concebido para recibir a los miles de viajeros que llegan a Panamá a bordo de cruceros internacionales. Su emplazamiento resulta clave: desde este punto del litoral atlántico es posible acceder en pocas horas a hitos vinculados al Canal de Panamá, fortificaciones coloniales, reservas naturales y circuitos culturales que forman parte de la identidad histórica de la región. Esta cercanía convierte al lugar en una escala funcional para quienes disponen de tiempo limitado pero desean llevarse una primera impresión del destino.
El predio está preparado para ese movimiento constante. Se trata de un complejo moderno, con locales comerciales amplios y bien distribuidos, donde predominan las tiendas duty free orientadas al visitante internacional. La circulación interna está facilitada por escaleras mecánicas, pasillos espaciosos y señalización clara, a lo que se suman áreas de descanso, sanitarios y servicios pensados para estadías breves pero confortables. Uno de los aspectos que más llaman la atención durante la recorrida es el mantenimiento general del lugar: la limpieza, el orden y el cuidado de las instalaciones forman parte de la experiencia, reforzando la sensación de seguridad y comodidad para quienes transitan el puerto por primera vez.
Una bienvenida cultural para la prensa turística internacional En el marco de la XI edición del Premio Pasaporte Abierto, desarrollada en Panamá entre el 29 de enero y el 5 de febrero, 45 periodistas especializados, integrantes de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), recorrieron Colón 2000 como parte de su agenda profesional en el país.
La recepción estuvo atravesada por expresiones identitarias del Caribe panameño. Los comunicadores fueron agasajados con presentaciones de danza y música Congo, manifestación cultural profundamente arraigada en la provincia, acompañadas por una muestra de sabores locales que permitió acercarse también a la tradición culinaria del istmo. La experiencia permitió observar de manera directa la dinámica operativa del puerto, su funcionamiento durante la llegada de embarcaciones y la interacción entre comercio, servicios y turismo internacional. Para la delegación, el complejo funciona como carta de presentación de Panamá ante el viajero que pisa el país por primera vez desde el Atlántico.
Periodistas de Brasil, Argentina y Panamá Marlina, Debora y Carmola (OMPT)
Un paseo que trasciende al pasajero de cruceros Aunque su actividad principal está vinculada al turismo marítimo, el espacio también es frecuentado por residentes panameños y visitantes nacionales que se acercan para disfrutar del ambiente portuario. Desde sus instalaciones es posible contemplar el atraque de grandes navíos, recorrer tiendas, almorzar frente al mar o simplemente vivir la experiencia de un muelle internacional sin necesidad de embarcarse. Esa interacción entre lo local y lo global le aporta una dinámica particular al lugar.
Un punto de conexión entre rutas marítimas y cultura caribeña
Más que un sitio de tránsito, Colón 2000 se proyecta como una plataforma de encuentro entre viajeros y territorio. Allí convergen itinerarios de cruceros, tradiciones afrocaribeñas, propuestas comerciales y la hospitalidad panameña, configurando una escala breve en tiempo, pero significativa en contenido para quienes descubren el país desde su costa atlántica.
Ubicado en la costa caribeña de Panamá, en un entorno donde la selva tropical se funde con los acantilados que miran al mar, el Castillo de San Lorenzo Real de Chagres emerge como uno de los bastiones históricos más imponentes y simbólicos del continente americano.
La visita a esta fortaleza se realizó en el marco de la agenda de actividades que reunió en el país a periodistas de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), quienes llegaron a Panamá para participar de los Premios Pasaporte Abierto y del VII Foro Internacional de Líderes del Turismo, instancias que combinaron formación, intercambio profesional y recorridos patrimoniales por sitios de alto valor cultural e histórico.
Periodistas Turísticos junto a la directora del Castillo San Lorenzo Real de Chagres
Levantado originalmente en el siglo XVI por la corona española y reforzado en siglos posteriores, el castillo formó parte de un sofisticado sistema defensivo diseñado para proteger una de las rutas comerciales más codiciadas del mundo colonial. Su ubicación estratégica no fue azarosa: desde sus murallas se domina la desembocadura del Río Chagres, un corredor fluvial clave que durante siglos permitió trasladar mercancías y metales preciosos provenientes del Pacífico hacia el Caribe, para luego embarcarlos rumbo a Europa.
Río Chagres
Antes de la existencia del Canal de Panamá, este río funcionó como una auténtica autopista natural que articulaba océanos, imperios y economías, y San Lorenzo era el punto de resguardo imprescindible para custodiar ese tránsito de riquezas. Por esa misma razón, la fortaleza se convirtió en objetivo permanente de ataques piratas y asedios militares. Corsarios y ejércitos enemigos intentaron tomar el control de este enclave sabiendo que dominarlo implicaba acceder al flujo comercial del istmo. Las estructuras que hoy se recorren, muros de piedra, baluartes, túneles y plataformas de artillería, son testimonio silencioso de aquellas disputas que marcaron la historia geopolítica del Caribe. Con el paso de los siglos, el castillo dejó de cumplir funciones militares, pero nunca perdió su centralidad simbólica.
Hoy integra el sistema de fortificaciones coloniales del Caribe panameño reconocido como Patrimonio de la Humanidad, consolidándose como uno de los conjuntos defensivos mejor preservados de la región. Su valor no reside únicamente en la arquitectura: representa la memoria del rol estratégico de Panamá en el comercio mundial, la herencia multicultural del período colonial y la capacidad de un territorio de resguardar su historia entre selva, río y mar. Recorrer el Castillo San Lorenzo Real de Chagres en la actualidad es una experiencia que trasciende lo turístico. El visitante no solo observa ruinas: contempla el mismo horizonte que vigilaron soldados hace más de cuatrocientos años, escucha el golpe del oleaje contra los acantilados y comprende, desde la geografía misma, por qué este punto fue tan codiciado. La presencia de la vegetación que lo rodea suma una dimensión aún más potente, donde biodiversidad e historia conviven en un equilibrio que refuerza su valor patrimonial. El Castillo permanece en pie como un vigía del tiempo. Custodia la memoria de rutas comerciales, de enfrentamientos imperiales, de navegantes, de tesoros y de una identidad que hoy forma parte del orgullo panameño. Preservarlo y difundirlo no es solo una tarea cultural: es un compromiso con la historia compartida de toda América Latina.
En el histórico poblado caribeño de Portobelo, Panamá, existe un espacio donde la memoria afrodescendiente no solo se preserva, sino que se expresa a través del arte, la palabra y la experiencia comunitaria. La Casa Cultura Congo se ha consolidado como un faro cultural imprescindible para comprender el legado de los pueblos congos y su profunda huella en la identidad panameña. Durante la visita, su directora, Anesley Torres, fue la encargada de guiarnos por este universo simbólico, relatando con claridad la historia de los congos de Portobelo: hombres y mujeres traídos desde África que fueron esclavizados y comercializados durante la conquista de América.
Anesley Torres
Una galería donde el arte nace de la herencia
Dentro del predio funciona una galería de arte que reúne obras de artistas locales autodidactas. Lejos de academias formales, estos creadores aprendieron el oficio de manera ancestral, transmitido de generación en generación como parte de su identidad cultural. Sus trabajos han sido reconocidos tanto en Panamá como en el exterior, participando en exposiciones y obteniendo premios que hoy ponen en valor su producción artística. Muchas de las piezas exhibidas están a la venta, permitiendo que varios de sus autores vivan de su arte y encuentren en él una forma de sustento y proyección cultural. Entre las obras pueden observarse: Máscaras de diablos congos Figuras de cimarrones Ranas, aves y perezosos del trópico Esculturas en madera Pinturas de colores vibrantes Trajes y accesorios tradicionales Cada pieza refleja escenas de la vida cotidiana, la espiritualidad y la resistencia de un pueblo que transformó el dolor en expresión artística.
Colores que narran una historia de sangre y libertad La cultura Congo fué reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y encuentra en este espacio una plataforma de preservación activa. En sus muros también se puede leer la historia de los cimarrones: hombres y mujeres esclavizados que lograron escapar y formar comunidades libres en la selva, resistiendo al sistema colonial impuesto por los conquistadores. Aunque muchas obras impactan por sus colores intensos y su estética festiva, detrás de ellas subyace una historia atravesada por el sufrimiento, la lucha y la búsqueda de libertad. Una narrativa escrita con sangre, pero también con dignidad.
El simbolismo de los diablos Uno de los elementos más representativos de la galería son las máscaras de diablos. Estas figuras no remiten al mal religioso, sino que simbolizan al esclavizador español: la presencia opresora que llegó para despojarlos de sus costumbres y someterlos culturalmente. En las danzas y representaciones congas, estos diablos son desafiados, ridiculizados y finalmente vencidos, escenificando la victoria simbólica del pueblo afrodescendiente sobre la opresión.
Un espacio cultural integral La Casa de la Cultura Congo no es solo una galería. Funciona también como: Centro cultural y educativo, donde se enseñan tradiciones, danzas y saberes congos Restaurante, con gastronomía local caribeña Hospedaje para turistas que desean vivir la experiencia desde adentro Esta propuesta integral convierte la visita en una experiencia inmersiva, donde el viajero no solo observa, sino que aprende, comparte y conecta con la comunidad.
Visitar la Casa de la Cultura Congo en Portobelo no es solo recorrer una galería ni conocer un espacio cultural. Detrás de cada máscara, de cada figura tallada, de cada estallido de color, habita una historia que no debe olvidarse. La de hombres y mujeres que fueron arrancados de su tierra, esclavizados, vendidos… pero que jamás renunciaron a su identidad. Hoy, esa resistencia se transforma en arte, en danza, en enseñanza y en comunidad. Y son espacios como este, sostenidos por sus propios protagonistas, los que permiten que la cultura Congo no quede atrapada en los libros, sino que continúe viva, transmitiéndose a las nuevas generaciones y a quienes llegan desde otras partes del mundo para conocerla.
En el entramado cultural de Portobelo, donde la historia afrocaribeña late en cada rincón y el sonido de los tambores forma parte del pulso cotidiano, existe un espacio que transforma realidades a través del arte: La Escuelita del Ritmo. Este proyecto músico-social nació en el año 2009 impulsado por la gestora cultural Gladys Palmera, con el objetivo de crear un espacio gratuito de formación artística para niños y adolescentes de la comunidad. Funciona como una organización sin fines de lucro que promueve la inclusión social, la educación musical y la contención a través del arte, especialmente para jóvenes que encuentran en la música una oportunidad de expresión y desarrollo. Su sostenimiento es posible gracias al acompañamiento de la Fundación Gladys Palmera, alianzas internacionales como Playing For Change Foundation y aportes solidarios que permiten que el proyecto continúe creciendo y brindando herramientas culturales a nuevas generaciones. Allí se dictan clases de instrumentos musicales y canto. Además, cuentan con una sala de ensayo y un estudio de grabación equipado con todo lo necesario para producir música y grabar voces, permitiendo que muchos chicos den sus primeros pasos en el universo musical de manera profesional.
Una visita que se volvió experiencia
Cuando llegamos a la escuelita, uno de los profesores nos recibió y permitió recorrer cada espacio: las aulas, los instrumentos, la sala de ensayo y el estudio de grabación. Quedamos sorprendidos por la cantidad de instrumentos disponibles y por la moderna sala de grabación que funcionaba allí dentro, contrastando con la sencillez estructural del lugar. En un momento, casi de manera espontánea, la visita se transformó en vivencia colectiva. Todos comenzamos a tomar los instrumentos que estaban al alcance: algunos sabían tocar, otros apenas intentamos sacar algunas notas… pero la sala se llenó de sonidos, risas y complicidad que nos conectó con el verdadero espíritu del lugar. La Escuelita por fuera puede verse sencilla, pero en su interior alberga todo lo necesario para hacer música… y algo aún más importante: generar contención y oportunidades para los niños que allí asisten.
Donde el ritmo también es herencia Hablar de la Escuelita del Ritmo es hablar de la identidad cultural de Portobelo. Porque la música que allí se enseña no está desligada de su territorio, sino que dialoga permanentemente con la tradición afrocolonial que caracteriza a la región. Los tambores que los chicos aprenden a tocar encuentran su raíz en la cultura Congo, una de las expresiones culturales más emblemáticas de la costa caribeña panameña, reconocida por sus bailes, cantos, teatralidad y fuerte carga simbólica vinculada a la resistencia de los pueblos afrodescendientes durante la colonia. El baile congo, con sus movimientos intensos, sus vestuarios coloridos y el diálogo rítmico entre tambores y canto, no es solo una manifestación artística, es memoria viva e identidad transmitida de generación en generación. En ese sentido, la Escuelita cumple también un rol silencioso pero fundamental: preservar ese legado cultural, enseñando a los más jóvenes no solo a ejecutar un instrumento, sino a comprender el valor histórico y espiritual del ritmo que interpretan.
En la ciudad de Panamá comienza a tejerse una nueva experiencia en torno al café. Una propuesta sensorial que no solo invita a degustar, sino a comprender, tocar y sentir el proceso detrás de cada taza y tuve el privilegio de vivirla en primera persona. Convocados por la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), los periodistas internacionales que participábamos de las actividades de Pasaporte Abierto fuimos invitados a una primicia previa a la Expo Coffee Lovers: la Experiencia Barista de Panamá, presentada en los históricos salones de la Iglesia de La Merced, en pleno Casco Antiguo. Un escenario donde la historia colonial, la espiritualidad y el aroma a café recién molido se fusionaron de manera perfecta.
DE ESPECTADORES A PROTAGONISTAS Desde el primer momento entendimos que no sería una degustación tradicional. La propuesta, creada por la agencia de viajes Viajes Auténticos junto a APAVIT y el Circuito del Café, buscó integrar toda la cadena de valor cafetera, trasladando simbólicamente el viaje del grano desde las tierras altas panameñas hasta la capital. Pero lo más interesante estaba por suceder. Amantes del café, cronistas de destinos, narradores de culturas… transformados por un rato en baristas. Verlos allí fue parte de la magia. Sostenían el molinillo con precisión casi quirúrgica, o acercaban el rostro a los granos para descubrir aromas. Guiados por especialistas, aprendimos sobre: Tipos de molienda Métodos de filtrado Temperatura ideal del agua Tiempos de extracción Perfiles de sabor Pero también sobre historia, territorio y esfuerzo humano detrás de cada grano.
UNA VIVENCIA QUE INVOLUCRA TODOS LOS SENTIDOS El entorno elevaba aún más la experiencia. Los muros históricos de la Iglesia de La Merced aportaban solemnidad, mientras el perfume del café recién preparado envolvía el salón como un incienso contemporáneo. No era casual la elección del lugar. La propuesta integra turismo, café, cultura e historia, utilizando espacios patrimoniales del Casco Antiguo, incluyendo también salones de la Iglesia de San Francisco, como escenarios donde el visitante no solo aprende, sino que conecta emocionalmente con el destino.
El detrás de escena de la experiencia Este innovador producto turístico fue impulsado por Viajes Auténticos y contó con el respaldo de la Autoridad de Turismo de Panamá, Iglesias del Casco Antiguo, APAVIT, el Circuito del Café, la plataforma de reservas GOTUURI y el acompañamiento de Agua Bambito. A nivel técnico, la experiencia estuvo guiada por especialistas como: Julio Villasmil (Infumas) Eduardo Santiago – productor de Café VICNA Luis Rovira – Vintage Café Ellos fueron los encargados de traducir el lenguaje del café para que la prensa internacional pudiera narrarlo al mundo con conocimiento y sensibilidad.
Antesala perfecta de la Expo Coffee Lovers Vivir esta primicia antes de la Expo Coffee Lovers Panamá permitió comprender la dimensión cultural y turística del café panameño antes de verlo desplegado en feria. Si tuviera que elegir una postal de la jornada, sería esta: Periodistas de distintos países, con delantales naranjas, moliendo café bajo los techos centenarios de una iglesia colonial, riendo, aprendiendo, fotografiando, oliendo, saboreando. Comunicadores que, por un momento, dejaron la pluma para tomar la cafetera.
Una Reflexión final La Experiencia Barista de Panamá demuestra que el turismo evoluciona cuando deja de mostrar y empieza a involucrar. Cuando permite hacer, tocar, aprender. Porque después de vivirla, algo cambia. El café deja de ser rutina para convertirse en historia líquida, y quienes tuvimos el privilegio de experimentarlo en esta primicia de la OMPT sabemos que, desde ese día, nunca más volveremos a tomar café de la misma manera.
En el marco de una semana intensa, movilizante y profundamente enriquecedora para el periodismo turístico internacional, le realicé una entrevista a Miguel Ledhesma, presidente y fundador de la Organización Mundial de Periodismo Turístico, quien realizó un balance integral de lo que dejó esta onceava edición de Pasaporte Abierto junto al 7º Foro Internacional de Líderes en Turismo desarrollados en Panamá. Sus palabras no solo repasaron lo vivido desde lo organizativo y profesional, sino también desde lo humano: el intercambio entre colegas de distintos países, la construcción de redes, los aprendizajes compartidos y el crecimiento sostenido que viene teniendo el periodismo turístico como actor clave dentro de la industria de los viajes. Miguel también adelantó cómo continuará la agenda de la OMPT en lo que resta del año, dónde suenan países como México, Colombia, Brasil y Argentina, con nuevas acciones internacionales, instancias de formación, encuentros y proyectos que seguirán fortaleciendo el rol de los comunicadores turísticos en el mundo. Un calendario que proyecta expansión, presencia territorial y nuevas alianzas estratégicas. Uno de los momentos más significativos de la entrevista fue cuando agradeció especialmente a la provincia de Tucumán por su activa participación y por el envío de material promocional destinado a periodistas extranjeros, generando interés concreto en el destino y despertando el deseo de muchos colegas de visitarlo en un futuro cercano. Del mismo modo, se refirió a Catamarca, provincia ganadora del Premio Pasaporte Abierto como Mejor Evento del Año por la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, destacando el valor cultural del evento y su impacto dentro del turismo identitario argentino. En ese sentido, dejó abierta la puerta a futuras acciones conjuntas, manifestando su interés y deseo de que la OMPT pueda llegar institucionalmente a ambas provincias, visitarlas y seguir fortaleciendo el vínculo con destinos que entienden al periodismo turístico como un aliado estratégico para su crecimiento.
Miguel Ledhesma
En este contexto, es imposible no destacar el rol fundamental de Isela Noriega, directora de COPTUR y referente de OMPT Panamá, quien se puso al hombro la coordinación total de esta edición. Su entrega, compromiso y mirada estratégica fueron el motor que hizo que todo funcionara.
Fue también quien impulsó el trabajo de un valioso equipo de “chaperones”: periodistas panameños que acompañaron a cada grupo internacional durante toda la experiencia. Ellos no solo guiaron traslados, hoteles y actividades… fueron anfitriones, colegas, aliados. Nos avisaban cada agenda diaria, nos esperaban, orientaban, compartían datos curiosos de cada destino y muchas veces, hasta se convertían en nuestros fotógrafos para ayudarnos a capturar la imagen justa que luego contaría la historia.
Se cumplieron casi todas las actividades previstas. Aquellas que no pudieron realizarse, como las jornadas de playa, buceo y experiencias lacustres, quedaron sujetas a un clima que no acompañó. Pero incluso allí, la organización demostró su capacidad: siempre hubo un plan B, nuevas rutas, otras actividades, distintas maneras de seguir descubriendo Panamá. Porque cuando el turismo está bien pensado, la experiencia nunca se detiene.
En lo personal, y como periodista que visitaba Panamá por primera vez, debo decir que fue un destino que me sorprendió profundamente. Un país pequeño en extensión… pero inmenso en posibilidades. Cada rincón parecía tener algo para enseñar, para emocionar y contar.
Debora ruiz
Sus museos, interactivos y vivos, invitan a aprender desde la experiencia. Y el Canal de Panamá… qué decir! Verlo en primera persona, desde un sitio privilegiado, observando esa obra de ingeniería monumental que permite trasladar barcos de un océano a otro, es de esas imágenes que quedan grabadas para siempre en la memoria del viajero.
Si de sabores hablamos, Panamá también dejó su huella. Siempre se dice que a uno se lo conquista por el estómago… y doy fe. A pesar de mi alergia a pescados y frutos de mar, hubo una deferencia especial en cada comida, cuidando mi alimentación con platos donde las verduras, el arroz, las legumbres, el pollo y las carnes, condimentadas con ese inconfundible toque panameño, me permitieron descubrir otra forma de sentir la gastronomía.
Gastronomía panameña
Los hospedajes, por su parte, fueron acogedores y confortables, pensados para el descanso necesario en medio de jornadas intensas de recorridos y aprendizajes. Porque cuando se organiza un evento para un contingente numeroso de periodistas, esas cuestiones importan mucho. Importa la logística, la calidez, la comida, el acompañamiento, la escucha. Y si algo no salió como se esperaba, no hay de que preocuparse, porque como decimos en Argentina: «puede fallar» pero «le encontramos la vuelta».
Panamá es vibrante, se te mete en la piel y, sin darte cuenta, también en el corazón.
Formar parte de la OMPT es sentirse dentro de un grupo que entiende tu pasión. Esa pasión por viajar, descubrir, contar. Es esa gente que no te va preguntar por qué viajas tanto, porque ellos también lo hacen y es mucho mejor cuando la experiencia viajera se realiza junto a profesionales y periodistas turísticos de distintos países y culturas. Son ellos los que también logran que, después de varios días, un destino deje de ser solo un lugar en el mapa… para transformarse en una emoción.
Desde que llegamos al aeropuerto de Tocumen en un vuelo de Copa Airlines, Panamá nos recibió con un clima ideal para caminar y recorrer.
Del aeropuerto tomamos el tren, combinando la Línea 2 con la Línea 1 del metro, donde ya nos esperaba el traslado hacia el encantador Casco Antiguo de Panamá.
Linea 2 del metroCombinando con la Linea 1
Allí comenzamos a descubrir su esencia histórica.
EL CAFE MAS ANTIGUO DE LA CIUDAD
Café Coca-Cola
Visitamos la plaza e iglesia del casco antiguo y el tradicional Café Coca-Cola, considerado el café más antiguo de la ciudad. Fundado en 1875, es un verdadero ícono cultural y punto de encuentro de locales y viajeros.Abrió sus puertas como restaurante «Nueve Puertas», cambiando al nombre actual alrededor de 1906, siendo el único local autorizado a usar el nombre Coca-Cola. Su interior se describe como una cápsula del tiempo que conserva un ambiente popular, sin seguir modas, ofreciendo autenticidad. Ha sido visitado por figuras históricas como Eva Perón, Julio Iglesias, Fidel Castro, Pablo Neruda, entre otros. Se encuentra estratégicamente ubicado frente al Parque de Santa Ana, un punto de gran concurrencia y ofrece comida típica panameña e internacional, destacando por su accesibilidad y sabor clásico.
CAFE GEISHA, EXCLUSIVIDAD Y SABOR Luego vivimos una experiencia única degustando el exclusivo Café Geisha, originario de las tierras altas de Chiriquí y considerado el más codiciado del planeta por sus notas florales, frutales y su producción limitada, lo que lo posiciona entre los cafés más premiados del mundo. El café Geisha necesita las condiciones ideales para su cultivo: altas montañas, suelo fértil y mucho cuidado. Debido a su delicadeza, solo se produce una pequeña cantidad al año , lo que lo hace aún más especial.
EXPERIENCIA BARISTA
También tuvimos la primicia de conocer la propuesta Experiencia Baristaen Panama (una iniciativa lanzada en el marco de la Coffee Lovers Expo 2026, organizada por la Fundación Circuito del Café, que busca posicionar al país como un destino líder de café de especialidad y turismo de experiencias, integrando cultura, degustaciones y dando a conocer la cadena productiva de Chiriquí), realizada en el entorno cultural del casco histórico junto a la Iglesia de La Merced y el Museo de Arte Religioso Colonial de La Merced, de la mano de la agencia Viajes Auténticos, donde aprendimos sobre molienda, filtrado y extracción de café de especialidad.
TEATRO NACIONAL: LA JOYA CULTURAL DE PANAMA
Seguimos hacia el majestuoso Teatro Nacional de Panamá, donde admiramos los frescos del techo, obras del reconocido pintor panameño Roberto Lewis, que representan la cultura y el nacimiento de la República. Inaugurado en 1908 y ubicado en el Casco Antiguo, es la joya cultural más emblemática del país, diseñado en estilo neoclásico por el arquitecto italiano Genaro Ruggieri. Tras una restauración exhaustiva para devolverle su esplendor original, reabrió en 2019. Al subir al escenario para apreciar la vista de los palcos, coincidimos con las primeras damas de Chile y Panamá, quienes visitaban el teatro y compartieron unos minutos con nosotros.
BEC PANAMA, DONDE SE DESPIERTAN LOS SENTIDOS
El recorrido continuó en BEC (Brand Experience Center) un espacio sensorial e inmersivo ideal para interactuar y tomar fotos instagrameables. Ubicado tambien en el Casco Antiguo de la ciudad, ofrece un recorrido sensorial de 1 a 2 horas para conectar con la cultura, historia y marcas locales, perfecto para todas las edades. Funciona como un espacio donde las marcas más queridas de Panamá cuentan su historia y más que un museo tradicional, busca ser un punto de encuentro que fomenta el orgullo panameño.
ROOFTOP TERRAPLEN, DRINKS Y VISTAS PRIVILEGIADAS
Luego nos dirigimos al Terraplén rooftop, donde nos esperaban unos ricos drinks con vistas al contraste entre el casco histórico y la ciudad moderna.
MUSEOS QUE COMBINAN HISTORIA Y BIODIVERSIDAD
Visitar el Museo del Canal Interoceánico de Panamá, fue clave para comprender la historia del país y su evolución hasta la actualidad. Inaugurado en 1997 y ubicado en el Casco Antiguo de Ciudad de Panamá, narra la historia del Canal a través de once salas de exhibición, abarcando desde la construcción francesa y estadounidense hasta el traspaso a manos panameñas. Situado en un antiguo edificio de 1875 que sirvió de sede administrativa, ofrece una experiencia inmersiva con documentos, objetos históricos y tecnología.
Y para sumar naturaleza y ciencia, fuimos al Biomuseo, un lugar fascinante para conocer la biodiversidad panameña: su flora y fauna típica, con símbolos como el águila arpía, mariposas de todos los colores y los entrañables perezosos, que enamoran a cualquiera. Una visita que te ayuda a entender por qué Panamá es un puente natural entre dos continentes y un verdadero paraíso de vida silvestre.
EN LA VARIEDAD ESTÁ EL GUSTO: ADRENALINA, ARQUITECTURA E INGENIERÍA
Para quienes no le temen a las alturas, sumamos la experiencia de Point Panamá, es un destacado complejo turístico de altura situado en Ciudad de Panamá, reconocido por ofrecer vistas panorámicas de 360° que contrastan el centro financiero con el Casco Antiguo y el Canal. Ubicado en lo alto de un rascacielos, combina adrenalina con atracciones como zipline, columpios, museos y experiencias virtuales. Sus miradores, balcones panorámicos y pasarelas vidriadas regalan vistas inolvidables para quienes no le temen a las alturas. Este lugar es altamente recomendado e imperdible si quieres ver la ciudad desde las alturas.
Y si te gusta caminar por tu cuenta, el casco histórico invita a perderse a pie: recorrer la pintoresca Calle de los sombreros, descubrir rincones llenos de arte y llegar hasta la zona cercana al mar donde muchas personas colocan candados como símbolo de deseos y promesas, se vuelve algo muy interesante.
Calle de los sombreros
Si en cambio te atrae la modernidad, podés hacer una caminata por la Cinta Costera, ideal para fotografiar la ciudad, especialmente el icónico edificio F&F Tower, conocido como “El Tornillo”, y posar frente a las coloridas letras de Panamá, un clásico postal para que todos sepan que estás en un país rico en cultura, sabor y hospitalidad.
Y para completar los imperdibles en pocos días, no puede faltar el tour por el Canal de Panamá en las Esclusas de Miraflores, una experiencia que impacta al ver de cerca cómo funciona una de las obras de ingeniería más importantes del mundo.
PANAMA LO TIENE TODO
Panamá demuestra así que, incluso en una estadía corta, ofrece historia, cultura, café de excelencia, naturaleza, aventura y paisajes urbanos que la convierten en un destino inolvidable.
En el marco de las actividades organizadas para la prensa internacional por la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), fuimos invitados a vivir una jornada inolvidable en Caribbean Adventures (@caribbeanadventurespty), un parque de aventuras que combina naturaleza, recreación y hospitalidad en un mismo entorno.
Desde nuestra llegada, la atención del equipo fue verdaderamente destacable. La predisposición, cordialidad y acompañamiento permanente hicieron que viviéramos un día espectacular, dinámico y completamente organizado, pensado para el disfrute integral de la delegación de prensa.
El predio ofrece un abanico de actividades que permiten conectar con la adrenalina y el paisaje. Realizamos canopy entre los árboles, travesías en kayak, cabalgatas guiadas, caminatas y el cruce de su puente colgante, una experiencia que combina emoción y vistas privilegiadas del entorno natural. Uno de los espacios más significativos del recorrido fue el mini zoológico, donde conocimos animales rescatados que hoy se encuentran bajo cuidado y protección. Allí, además de la observación, se promueve la educación ambiental y la concientización sobre la preservación de la fauna.
La propuesta gastronómica acompañó durante toda la jornada con opciones variadas y pensadas para todos los gustos: agua de coco natural, frutas frescas, helados, salchichas a la parrilla, galletas y snacks, junto a bebidas como gaseosas, jugos, agua y cerveza, ideales para refrescarse en el clima tropical panameño.
Para quienes desean prolongar la experiencia, Caribbean Adventures dispone de habitaciones con reserva previa, con capacidad para grupos de hasta 10 personas. Esta alternativa permite transformar la visita en una escapada más extensa, ideal para grupos de amigos, empresas o delegaciones organizadas. Dialogando con el personal que allí trabaja, nos confirmaron la idea de ampliar el número de plazas para que más personas puedan hospedarse en el predio a futuro.
El parque es frecuentado tanto por visitantes que buscan pasar un día de relax y diversión en contacto con la naturaleza, como por contingentes educativos. Reciben estudiantes de distintos colegios y edades que llegan para realizar actividades recreativas, pedagógicas y de integración al aire libre.
Caribbean Adventures se posiciona así como una propuesta integral dentro de la oferta turística de Panamá, combinando aventura, contacto con la naturaleza, gastronomía y hospitalidad en una experiencia completa.
Si estás buscando un alojamiento para vivir Portobelo desde adentro, Casa Dinis es una opción ideal para quienes viajan en grupo, ya sea entre amigos o en familia.
Este Airbnb combina comodidad, diseño moderno y una ubicación estratégica que permite disfrutar del destino a pie y sin apuros. Su cercanía con restaurantes locales y espacios culturales emblemáticos la convierte en un punto de partida perfecto para explorar la esencia afrocaribeña de la región, es por eso que fue elegido por los periodistas de la OMPT.
A pocos pasos se encuentran sitios llenos de identidad como la Casa Congo, la Escuelita del Ritmo, donde la música y la tradición laten fuerte, y la emblemática Iglesia del Cristo Negro, epicentro de fe y peregrinación en la costa atlántica panameña.
La casa ofrece ambientes amplios, modernos y confortables, pensados para el descanso después de un día de playa, historia y cultura. Ideal para cocinar, compartir charlas nocturnas o simplemente relajarse en un entorno tranquilo, pero cerca de todo.
Casa Dinis no es solo un alojamiento: es el lugar donde la experiencia de Portobelo se vuelve compartida.
El 3 de febrero de 2026 marcó un paso significativo para el desarrollo turístico de Panamá. Ese día, la histórica localidad caribeña de Portobelo, ubicada en la provincia de Colón, fue incorporada oficialmente a la Red Mundial de Destinos Emergentes, programa impulsado por la Organización Mundial de Periodismo Turístico que promueve comunidades con patrimonio identitario y potencial de crecimiento sostenible. La firma se llevó a cabo en Marina Linton Bay y fue encabezada por el presidente y fundador de la OMPT, Miguel Ledhesma, junto a Cristóbal Valencia Jiménez, presidente de la Cámara de Turismo de Portobelo Costa Arriba, quienes formalizaron la adhesión del destino a esta plataforma de cooperación internacional orientada a fortalecer la visibilidad, la capacitación y el posicionamiento de territorios con fuerte impronta cultural.
HISTORIA VIVA, INTEGRACIÓN Y DESARROLLO COMUNITARIO Portobelo no necesita presentación para quienes valoran los destinos atravesados por la memoria. Sus emblemáticas fortificaciones coloniales, como el histórico Fuerte San Jerónimo, dialogan con otros espacios profundamente arraigados en la vida local, como la Iglesia del Cristo Negro, epicentro de una de las devociones más convocantes de Panamá. La identidad cultural también se expresa en ámbitos como en el Museo de la Memoria Afropanameña, la Casa Congo, guardiana de las tradiciones afrodescendientes, y en iniciativas comunitarias como la llamada Escuelita del Ritmo, donde niños y jóvenes mantienen viva la herencia musical del lugar.
Iglesia del Cristo NegroMuseo de la Memoria Afropanameña La Escuelita del Ritmo Fuerte San Jerónimo Casa de Cultura Congo
A ello se suman gestos e historias valiosas, como el de una vecina que durante el receso escolar brinda clases particulares de apoyo, reafirmando el rol social de la comunidad en la formación de las nuevas generaciones.
La cotidianeidad del destino se completa con postales que forman parte de su esencia: antiguos colectivos locales que, aunque modestos, conectan Portobelo con la ciudad de Colón; mujeres que ofrecen artesanías frente al museo; vendedores de billetes de lotería en la plaza central; y puestos de rosarios y objetos devocionales vinculados al Cristo Negro, ubicados en las inmediaciones de su iglesia. En este entramado de historia, fe, cultura viva y organización comunitaria, la incorporación de Portobelo a la Red Mundial de Destinos Emergentes cobra aún más sentido, al integrarse a un circuito latinoamericano que promueve el desarrollo turístico desde la identidad, la participación social y el fortalecimiento de sus propias raíces.
Buses de Colón
COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN COMO MOTORES DE CRECIMIENTO Uno de los ejes centrales del programa radica en el acompañamiento comunicacional que brindarán los medios y periodistas especializados que integran la OMPT, amplificando la visibilidad internacional del destino y proyectando sus atractivos hacia nuevos mercados. A ello se suma la capacitación continua destinada a residentes, emprendedores, guías y prestadores turísticos, promoviendo la profesionalización del sector y fortaleciendo el rol de la comunidad como narradora de su propio territorio, desde una mirada participativa y sostenible.
Cartelera de un bar de Portobelo donde se ofrece alojamiento y actividades turísticas y culturalesParticipando de una clase de estiramiento Grupo de niñas y niños vestidos para bailar danza Congo en una de las calles de Portobelo
UNA REFLEXIÓN FINAL SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA En este camino de crecimiento y proyección internacional, también emerge una observación que invita a seguir profundizando el trabajo patrimonial en el destino. Durante el recorrido, uno de los espacios que interpela al visitante es el denominado Cementerio Negro, conocido antiguamente como «La Negrería”, sitio donde en tiempos coloniales se concentraba y comercializaba a personas esclavizadas y que, con el paso de los años, se transformó en un cementerio. Se trata de un punto atravesado por una carga simbólica inmensa, testimonio del dolor, la resistencia y la raíz afrodescendiente que forma parte esencial de la identidad de Portobelo.
Cementerio antiguo «La Negrería» La maleza y la basura tapan lo que debería ser un espacio de memoria y respeto para quienes aquí están enterrados.
Su estado actual plantea la oportunidad de avanzar en tareas de mantenimiento, señalización y puesta en valor que permitan jerarquizarlo como un espacio icónico para la reflexión, la oración y el recuerdo de quienes ya no están, integrándolo a circuitos de turismo de la memoria que acompañen, desde el respeto, la comprensión del pasado. Porque el desarrollo turístico también implica cuidar los sitios donde habita la historia más profunda de un pueblo.
Una mirada profunda sobre cómo narrar la identidad de los destinos
En la ciudad panameña de Colón se desarrolló la séptima edición del Foro Internacional de Líderes en Turismo, un espacio concebido para pensar el turismo desde una dimensión más reflexiva, donde la comunicación dejó de ser una herramienta accesoria para transformarse en protagonista dentro de la construcción de los destinos. La cita tuvo lugar en la Casa de Arte y Cultura de Colón y convocó a periodistas turísticos, comunicadores, estudiantes y profesionales del sector para repensar de qué manera narramos el patrimonio y qué lugar ocupa ese relato en la identidad de los pueblos. El evento contó con la presencia de la vicegobernadora de Colón, Marisyn Cedeño, quien aprovechó para saludar a los periodistas presentes y destacar la importancia que tiene esa labor en la difusión de un destino y su cultura.
Marisyn Cedeño, vicegobernadora de Colón, dándole la bienvenida a los periodistas de la OMPT
Hablar de patrimonio no es únicamente enumerar edificios históricos, fechar monumentos o describir celebraciones populares. El patrimonio, cuando no es interpretado ni transmitido con sensibilidad, corre el riesgo de quedar reducido a datos sueltos: un año de fundación, un estilo arquitectónico, una placa conmemorativa. Y el turismo, cuando se comunica desde ese lugar meramente informativo, pierde su capacidad de emocionar, de interpelar y de dejar huella.
Cuando el patrimonio deja de ser objeto y pasa a ser relato. Las ponencias fueron tejiendo una misma línea conceptual desde distintos enfoques. El presidente y fundador de la OMPT, Miguel Ledhesma, abrió el espacio de reflexión con la frase “El patrimonio que no se ve y del que nadie habla”, invitando a mirar aquellos relatos invisibilizados que también forman parte de la identidad y de la energía que tienen los destinos y de como vibramos en ellos.
Eliane de Souza
El foro continúo con la exposición de Eliane de Souza (Brasil), enfatizando en que “Quién cuenta la historia del destino importa tanto como la historia en sí” poniendo el acento en la responsabilidad de quien narra y en el poder que tiene la mirada del comunicador para construir sentido. La dimensión humana del patrimonio fue profundizada por Yubelkys Mejía Rincón, de República Dominicana, con una premisa tan clara como movilizadora: el verdadero patrimonio cultural del turismo no reside en los monumentos, sino en la gente, dando como ejemplo una experiencia vivida en un supermercado en Noruega.
Yubelkis Mejía Rincón
Narrativas responsables para destinos con identidad El cruce entre patrimonio, territorio y relato fue abordado por Hugo Rodríguez Chávez (México) en su ponencia sobre el legado cultural y natural como base para construir narrativas integradoras y responsables dentro de la comunicación turística. Desde Panamá, Luis Polo Roa aportó una mirada centrada en el arte de contar, remarcando que el patrimonio no necesita explicaciones rígidas, sino relatos capaces de generar conexión emocional.
Hugo Rodríguez Chávez Luis Polo Roa
Los lenguajes contemporáneos también formaron parte del debate con la presentación de Audrey Dayana Salcedo Sánchez y Edwin Adrián Camargo Guerrero, quienes en “Un viaje en 90 segundos” exploraron los desafíos de comunicar destinos en formatos breves sin perder profundidad.
Edwin Adrián Camargo y Dayana Salcedo Sánchez
Experiencias internacionales y nuevas formas de comunicar La dimensión global del foro sumó miradas diversas. Irina Grassmann (Alemania) analizó, en “Lost in translation: lo que tu destino dice… y lo que el mundo entiende”, las brechas culturales y lingüísticas que atraviesan la comunicación turística internacional. Una conferencia que nos hizo repensar en nuestro lenguaje diario y lo que damos por sentado o comprendido, cuando en realidad una misma palabra puede significar otra cosa en otro idioma o en otra cultura.
Irina Grassmann
Desde Brasil, Carmen Cândido presentó la experiencia de comunicación estratégica y colaborativa de Campos do Jordão, mientras que Renata Aquino Carraro Pierini compartió el proyecto educativo del Pasaporte Turístico de Caxias do Sul, orientado a fomentar el sentido de pertenencia desde la infancia.
Carmen Carmola CandidoRenata Aquino Carraro Pierini
La mirada territorial estuvo representada por Jacqueline Granda, quien propuso comunicar el patrimonio vivo del Ecuador desde sus comunidades, integrando geografía, cultura y tradición, comenzando su ponencia con una pregunta disparadora: ¿Cuál es el patrimonio tu estás dejando? Por su parte, Yovanny Valero (Venezuela) presentó una exposición vinculada a innovación digital y posicionamiento turístico de un pueblo, sumando la variable tecnológica al debate comunicacional.
Jacqueline Granda
Comunicar el patrimonio desde la experiencia Más allá de las herramientas, el foro dejó una enseñanza transversal para quienes ejercemos el periodismo turístico: no alcanza con informar, hay que saber interpretar. La cultura engloba múltiples dimensiones. Está en la arquitectura, sí. Pero también en la vida cotidiana, en los recuerdos de sus habitantes, en los oficios heredados, en los procesos de cambio, en las restauraciones que buscan preservar la esencia, en los recursos que sostienen la identidad local, y también en la energía que ciertos lugares despiertan cuando se los visita. Cuando logramos transmitir eso, la comunicación deja de ser promocional para transformarse en vivencial. Un espacio que interpela el rol del comunicador El foro contó con la presencia de autoridades locales, entre ellas la vicegobernadora de Colón y del presidente de la Cámara de Turismo de Portobelo, Cristóbal Valencia, quienes destacaron la importancia del trabajo periodístico en la construcción de relatos que respeten la identidad de los territorios.
Cristóbal Valencia, presidente de la cámara de turismo de Portobelo, Colón. Hablando sobre su impresión sobre el foro realizado en la Casa de Arte y Cultura de Colón.
El encuentro formó parte del calendario anual de la Organización Mundial de Periodismo Turístico, consolidándose como una instancia formativa orientada a fortalecer las prácticas comunicativas del sector. Narrar para preservar La reflexión final que dejó Colón fue tan clara como necesaria: El patrimonio que no se cuida ni comunica, se desvanece. El que no se interpreta, se vuelve lejano. Y el que no logra emocionar, difícilmente perdure en la memoria. Por eso, comunicar turismo hoy implica mucho más que difundir atractivos. Implica comprender identidades, escuchar comunidades y narrar territorios con profundidad y humanidad. Porque, en definitiva, contar el patrimonio es también contar quiénes somos.
El 30 de enero, la Ciudad de Panamá fue escenario de la 11ª edición del Premio Internacional Pasaporte Abierto, una ceremonia organizada por la Organización Mundial de Periodismo Turístico que volvió a reunir a comunicadores, creadores de contenido, instituciones y proyectos turísticos de distintos países, con el objetivo de reconocer trabajos que aportan mirada crítica, sensibilidad social, creatividad y compromiso con los territorios.
La edición 2025 se destacó no solo por la diversidad geográfica de los proyectos premiados, sino también por un anuncio clave de la organización: esta fue la última edición del Premio Internacional Pasaporte Abierto en la que se permitirán empates y menciones especiales. A partir de la próxima edición, cada categoría contará con un único ganador, reforzando el carácter competitivo y distintivo del galardón.
Isela Noriega, presidenta de Coptur y directora de OMPT Panamá junto a Miguel Ledhesma, presidente y fundador de la Organización Mundial de Periodismo Turístico.
La ceremonia comenzó con la entrega del premio en la categoría Relevancia social, donde el jurado distinguió a Hernán & Eugenia – Más que solo estelas en el agua, de Irina Grassmann, de Alemania, una obra que pone en valor las historias humanas vinculadas al agua y la movilidad. Tras este anuncio, se comunicó que el jurado resolvió otorgar un empate, reconociendo también a El Chontacuro: el Manjar Exótico de la Palma de La Chonta, de Jacqueline Granda, de Ecuador, por su aporte a la visibilización de saberes ancestrales y gastronomía identitaria.
En la categoría Reconocimiento de los otros, el premio fue para Casas de quincha: sueños tejidos en barro que sobreviven a la modernidad, de Mara Rivera, de Panamá, un trabajo que rescata técnicas constructivas tradicionales y su vínculo con la memoria colectiva.
La Originalidad tuvo como primer ganador a Sicília de carro em 5 dias: um roteiro gastronômico pelo melhor da ilha italiana, de Rapha Aretakis, de Brasil. Luego, el jurado anunció un empate y distinguió también a Pedasí, un destino para reencontrarse con la calma, de María Victoria Echeverría, de Panamá, por su narrativa sensible y su enfoque en el turismo consciente.
En Investigación periodística, el reconocimiento fue para Artesanos dominicanos: manos creativas que impulsan el turismo cultural y sostenible, de Massiel de Jesús Acosta, de República Dominicana, destacando el valor del trabajo artesanal como motor de desarrollo local.
El premio a Medio especializado en turismo destacado fue otorgado a Modoviajeok.com.ar, de Argentina, por su trayectoria y aporte sostenido a la divulgación turística.
En Fotografía con propósito, fue distinguido Tríptico de Día de Muertos, de Aleks G. Camacho, de México, una propuesta visual que combina identidad, memoria y tradición.
La categoría Video con impacto social reconoció a En la Esperanza, Intibucá: Disfrutando del Festival del Choro y del Vino, de Manuel Enrique Menjívar Flores, de Honduras, por su capacidad de mostrar el turismo como herramienta de encuentro cultural.
El premio Evento del año fue para la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, de Catamarca, Argentina. Por ser una celebración emblemática que articula identidad, cultura y turismo. El premio fue recibido por la periodista Debora Valeria Ruiz, quien realizó la cobertura periodistica durante los días que duró la Fiesta, retratando en palabras y en material audiovisual el espíritu de este evento que es el más esperado del invierno argentino.
En Contenido original en redes sociales, el primer reconocimiento fue para Te Invito a conocer San Cristóbal, Táchira, Venezuela conocida también como la ciudad Cordial, de Yovanny Valero, de Venezuela. Posteriormente, se anunció un empate, distinguiendo también a Quédate en Cúcuta…, de Audrey Dayana Salcedo Sánchez y Edwin Camargo Guerrero, de Colombia.
La categoría Mejor propuesta turística premió a Curta Caxias, de Brasil, mientras que en Destinos emergentes el reconocimiento fue para Nariño, Colombia, por su proyección y trabajo territorial.
En Emprendedores turísticos comprometidos, el galardón fue para Copa Airlines, de Panamá, destacando su rol en la conectividad regional. En Trabajo en equipo, se reconoció a la Secretaría Municipal de Turismo y Desenvolvimiento Económico de Caxias do Sul, de Brasil, y en Organismo colaborador, a Promtur, de Panamá.
Debora Valeria Ruiz, periodista y directora de Info Turismo Argentina.
Hacia el tramo final de la ceremonia se entregaron los premios más relevantes de la edición. El reconocimiento A la trayectoria fue otorgado a Carmola Cândido, de Brasil, por su recorrido y aporte sostenido al turismo y la comunicación. Finalmente, el Gran Premio Pasaporte Abierto, máxima distinción del certamen, fue para Transsandona, de Nariño, Colombia, consolidándose como el proyecto más destacado de la edición.
La 11ª edición del Premio Internacional Pasaporte Abierto cerró así una etapa del certamen, marcada por la diversidad de miradas y el carácter federal e internacional de sus premiados, al tiempo que abrió un nuevo capítulo con reglas más definidas para las próximas ediciones.
LISTA COMPLETA DE GANADORES POR CATEGORÍA
RELEVANCIA SOCIAL: -Hernán & Eugenia – Más que solo estelas en el agua. Irina Grassmann. Alemania. -El Chontacuro: el Manjar Exótico de la Palma de La Chonta. Jacqueline Granda. Ecuador.
RECONOCIMIENTO DE LOS OTROS: Casas de quincha: sueños tejidos en barro que sobreviven a la modernidad. Mara Rivera. Panamá.
ORIGINALIDAD: -Sicília de carro em 5 dias: um roteiro gastronômico pelo melhor da ilha italiana. Rapha Aretakis. Brasil. -Pedasí, un destino para reencontrarse con la calma. María Victoria Echeverría. Panamá.
INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA: Artesanos dominicanos: manos creativas que impulsan el turismo cultural y sostenible. Massiel de Jesús Acosta. República Dominicana.
MEDIO ESPECIALIZADO EN TURISMO DESTACADO: Modoviajeok.com.ar. Argentina.
FOTOGRAFÍA CON PROPÓSITO: Tríptico de Día de Muertos. Aleks G. Camacho. México.
VIDEO CON IMPACTO SOCIAL: En la Esperanza, Intibucá: Disfrutando del Festival del Choro y del Vino. Manuel Enrique Menjívar Flores. Honduras.
EVENTO DEL AÑO: Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Debora Valeria Ruiz. @infoturismoargentina Argentina.
CONTENIDO ORIGINAL EN REDES SOCIALES: -Te Invito a conocer San Cristóbal, Táchira, Venezuela conocida también como la ciudad Cordial. Yovanny Valero. Venezuela. -Quédate en Cúcuta… Audrey Dayana Salcedo Sánchez y Edwin Camargo Guerrero. Colombia.
MEJOR PROPUESTA TURÍSTICA: Curta Caxias. Brasil.
DESTINOS EMERGENTES: Nariño. Colombia.
EMPRENDEDORES TURÍSTICOS COMPROMETIDOS: Copa Airlines. Panamá.
TRABAJO EN EQUIPO: Secretaría Municipal de Turismo y Desenvolvimiento Económico de Caxias do Sul. Brasil.
ORGANISMO COLABORADOR: Promtur. Panamá.
A LA TRAYECTORIA: Carmola Cândido. Brasil.
GRAN PREMIO PASAPORTE ABIERTO: Transsandona. Nariño. Colombia.
Fue una gran noche para toda la familia del periodismo turístico, donde vivimos momentos de emoción, de música y baile y una sabrosa gastronomía, en uno de los salones del Hotel Las Américas Golden Tower Panamá.
Dicen que con los años —y con los daños— una persona aprende a madurar. Aprende a resignificar lo vivido, a cambiar la escala de valores y a entender que dedicar tiempo a uno mismo no es egoísmo, sino una forma de bienestar. Llega un momento en el que estar en paz deja de depender de otros y pasa a construirse desde adentro.
Ruta 40, Argentina
Durante mucho tiempo, la soledad tuvo mala prensa. Se la asoció al fracaso, al abandono, al vacío. Se le tuvo miedo. Y en ese afán por no estar solos, muchas veces se aceptaron compañías que no sumaban, se postergaron deseos, se callaron ganas de salir, de cambiar, de viajar. Porque parecía que sin alguien al lado, el movimiento no estaba permitido. Pero nada es estático. Ni las personas, ni los vínculos, ni las miradas. Con el tiempo, la soledad empieza a ocupar otro lugar. Ya no como imposición, sino muchas veces como elección. Una soledad que se vuelve espacio, silencio, autoconocimiento. Y es justamente en ese punto donde el turismo entra en escena.
Glaciar Perito Moreno, Calafate. Santa Cruz
Viajar solo no es estar solo. Es animarse a habitar el viaje a la propia manera. Descubrir que para subir un cerro y contemplar el paisaje desde lo alto no hace falta compañía. Que para vivir un carnaval, caminar una ciudad desconocida o saborear una buena comida, no se necesita de otro para validar la experiencia. Que la luna puede ser hermosa compartida, sí, pero no pierde su magia cuando se la mira desde una terraza, la ventana de un hotel o una plaza de pueblo en una noche de verano.
La Carolina, San Luis.
Por eso, con los años, crece la figura del viajero solitario. Un viajero que elige el turismo contemplativo, sin itinerarios rígidos ni tiempos marcados. Que no corre detrás de una lista de lugares, sino que se permite sentir. Que decide cuándo interactuar y cuándo guardar silencio. Que se queda más tiempo si el lugar lo abraza o se va antes si ya cumplió su ciclo. Y está bien así. Este tipo de turismo no busca acumular experiencias, sino habitarlas. Escuchar más y hablar menos. Mirar con atención. Reconectarse. Porque en el viaje en soledad también aparecen encuentros: con desconocidos, con paisajes, con historias ajenas… y, sobre todo, con uno mismo.
Castillos de Villa Vill, Catamarca
La soledad no es mala. Todos, en algún momento de la vida, atravesamos etapas de estar solos. Y lejos de ser un límite, ese contexto puede convertirse en una oportunidad. El turismo, en ese sentido, se vuelve una actividad ideal: acompaña sin invadir, propone sin exigir, invita sin apurar. Vale la pena —aunque sea una sola vez— animarse a viajar solo. No como una prueba, sino como una experiencia. Porque muchas veces, en ese andar sin compañía, descubrimos que no estábamos tan solos como creíamos. Y que el verdadero viaje no siempre es hacia un destino, sino hacia una versión más auténtica de nosotros mismos.
Visitar el Canal de Panamá es mucho más que sumar un atractivo al itinerario. Es comprender desde el territorio por qué esta obra se convirtió en uno de los símbolos más reconocidos del mundo y en un pilar fundamental del turismo panameño. El Canal no solo conecta océanos: conecta personas, historias y economías. Y esa capacidad de convocatoria quedó reflejada en los números registrados durante el año fiscal 2025 (octubre de 2024 a septiembre de 2025), cuando los Centros de Visitantes alcanzaron un récord histórico de 1.003.911 visitantes. Enero lideró la afluencia, seguido por diciembre y agosto, marcando una demanda turística sostenida a lo largo del año. Estos datos confirman que el Canal no es una visita ocasional, sino una experiencia central dentro del turismo en Panamá, capaz de atraer público de manera constante.
El principal imán turístico del país El perfil de los visitantes reafirma el peso internacional del Canal. Según cifras oficiales, el 57 % corresponde a adultos extranjeros, a lo que se suma un 18 % que arriba a través de tour operadores. En total, tres de cada cuatro visitantes están directamente vinculados al turismo internacional. Esto posiciona al Canal como el principal punto de contacto entre Panamá y el visitante extranjero, muchas veces el primer lugar que se conoce del país y el que deja una impresión duradera. Pero más allá de los porcentajes, la experiencia es clara: observar el paso de los barcos, entender el funcionamiento de las esclusas, recorrer los miradores y dimensionar la magnitud de la obra genera asombro, respeto y curiosidad, sensaciones que fortalecen el vínculo entre el viajero y el destino.
Turismo que sostiene y hace rentable al patrimonio El alto número de visitantes no es solo una estadística positiva: es una condición clave para la sostenibilidad del Canal como atractivo turístico. Durante 2025, se estima que los ingresos por entradas a los Centros de Visitantes oscilaron entre 10,9 y 11,5 millones de dólares, sin considerar el consumo adicional. Este flujo de visitantes activa una cadena económica directa: transporte, guías, gastronomía, comercios, hoteles y agencias de viajes. El Canal funciona así como un ordenador del sistema turístico, capaz de generar movimiento económico real y constante. Mantener un alto volumen de visitas no solo garantiza ingresos, sino que justifica inversiones, mejoras en infraestructura y renovación de las experiencias ofrecidas al público.
Nuevas propuestas para enriquecer la visita
En línea con esta estrategia, el Canal continúa ampliando y mejorando su oferta turística. La incorporación del Mirador de Gatún, dentro del circuito del Centro de Visitantes de Agua Clara, permite una observación más cercana del tránsito marítimo y refuerza la conexión entre paisaje, ingeniería e identidad. Al mismo tiempo, avanza la remodelación del Centro de Visitantes de Miraflores, una intervención clave para actualizar el espacio más visitado del país y seguir elevando la calidad de la experiencia turística. Estas mejoras no buscan transformar al Canal, sino potenciar su capacidad de atraer, educar y emocionar.
Una experiencia que deja huella El Canal de Panamá no necesita ser idealizado. Su valor está en lo que es y en lo que genera. Es patrimonio vivo, atractivo turístico de primer nivel y fuente concreta de desarrollo económico. En un contexto donde el turismo valora las experiencias significativas, el Canal ofrece algo esencial: La posibilidad de ver, entender y sentir una obra que sigue en funcionamiento y que forma parte activa de la vida del país. Porque conocer el Canal es mucho más que mirar barcos pasar. Es vivir una experiencia que conecta historia, presente y futuro. Y es también comprender por qué mantener y fortalecer el turismo en torno al Canal es clave para Panamá.