Del 1 al 7 de mayo, en Argentina celebramos la Semana del Alfajor, esa golosina tan nuestra, que nos acompaña desde la infancia y que hoy, más que nunca, merece todos los homenajes. No solo porque forma parte de nuestra vida cotidiana, sino porque fue recientemente elegido como la mejor golosina del mundo, ubicando a la Argentina en el primer puesto del podio en un certamen internacional.
Elegido como la mejor golosina del mundo por la prestigiosa guía gastronómica TasteAtlas, se ubicó en el primer puesto de su ranking mundial de dulces tradicionales. Esta plataforma internacional, que evalúa sabores auténticos de cada país, destacó la combinación única de texturas y rellenos del alfajor nacional, superando a chocolates y golosinas de países como Italia, Japón y Suiza.

El año pasado, también fue protagonista en el Campeonato Mundial del Alfajor® 2024, celebrado del 16 al 18 de agosto en La Rural de Buenos Aires. Allí, más de 180 marcas de Argentina y otros países participaron con sus mejores creaciones. El ganador fue un alfajor de la marca Sr. Alfajor, de Monte Grande, Buenos Aires. El jurado, compuesto por expertos en cata de alfajores, no dudó en coronarlo como el Mejor Alfajor del Mundo.

EL ALFAJOR ES SABOR, EMOCIÓN Y ORGULLO NACIONAL
No hay kiosco que no lo venda, está en cada rincón del país. Es ese mimo dulce que alegra un momento gris y que también se convierte en regalo, en sorpresa o en premio.
¿Quién no recibió un alfajor de manos de una maestra en el Día del Niño, o lo encontró en una bolsita de cumpleaños? ¿Quién no se emocionó al probar uno artesanal, de esos que se hacen con receta familiar, de algún antepasado que sabía el secreto de la felicidad?
Es que el alfajor es arte. Muchos emprendedores de todo el país se dedican con pasión a elaborar productos artesanales, a veces con esas recetas heredadas de abuelas que horneaban tapitas y las unían con dulce de leche casero. Otras veces innovando con rellenos inesperados, coberturas gourmet, ingredientes naturales o técnicas modernas… Y el nivel de creatividad y calidad sigue creciendo.
Cada año, certámenes nacionales eligen los mejores del país en distintas categorías: mejor glaseado, mejor relleno, mejor innovación, mejor textura. Y el nivel es tan alto, que uno no sabe cuál elegir. Pero quizás ahí está el encanto: en la variedad está el gusto, y cada quien defiende con fervor a su favorito cuando alguien pregunta: ¿Cuál es el mejor alfajor?
No hay una sola respuesta. Porque todos ganan. Todos tienen un sabor que despierta sensaciones, que nos conecta con algo o alguien querido.
El alfajor está presente en cada momento. En un desayuno, acompañando el café; en una merienda, junto al mate; como postre improvisado o regalo espontáneo. Está en los cumpleaños, en los recreos escolares, en las estaciones de tren, en las ferias, en las oficinas. Y cada uno tiene su preferido. Hay quienes defienden con fervor al triple bañado, otros al de maicena, algunos eligen los conitos y otros solo los artesanales.
El alfajor es también un símbolo afectivo. Es lo que te daba mamá o papá con el vaso de chocolatada o mate cocido. Lo que venía con una cartita de amor o de un amigo invisible. Lo que elegías en el kiosco después de ahorrar tus monedas. Lo que endulzaba un momento triste o celebraba una buena noticia. Pero si algo nos une es el recuerdo que cada alfajor lleva consigo.

Durante esta semana especial, en distintos puntos del país se celebrarán ferias y fiestas en su honor. Será hermoso ver cómo este pequeño gran emblema de nuestra gastronomía convoca a grandes y chicos. La gente se reunirá a compartir, probar, vender y disfrutar. El alfajor no es solo un producto argentino: es cultura, encuentro y sabor compartido. Así que brindemos por él, por quienes lo elaboran con dedicación y por los que lo disfrutan. Y por ese orgullo nacional que no necesita más que dos tapitas y un buen relleno para conquistar al mundo.



Esta nota quería ser un mimo, una declaración de amor a ese compañero fiel que alegra el paladar y el alma. Quizás mientras leías, recordaste alguno de tus momentos con un alfajor.
Si logré eso, misión cumplida.
Por Debora Ruiz
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