
En Villa Unión, provincia de La Rioja, una cena entre periodistas terminó convirtiéndose en una de esas experiencias que me recuerdan por qué disfruto tanto recorrer la Argentina. No fue solamente la comida ni la música, sino la felicidad de un anfitrión que nos recibió como si fuéramos viejos amigos.
Viajar por nuestro país me ha permitido conocer paisajes extraordinarios, descubrir sabores regionales y escuchar historias que difícilmente encontraría en una guía turística. Pero con los años aprendí que hay algo que valoro especialmente: la manera en que las personas nos reciben y el afecto que son capaces de transmitir con gestos sencillos.
Eso fue precisamente lo que encontré en Sabores Riojanos, un establecimiento gastronómico de Villa Unión, donde Ale Francisco Mendoza nos abrió las puertas durante nuestro recorrido por La Rioja, como parte del FamPress internacional de periodistas de turismo organizado por la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT).
Aquella noche, una larga mesa dispuesta en forma de L nos reunió alrededor de una cena que pronto adquirió el ambiente de una peña entre amigos.
Francisco había preparado algo más que una recepción gastronómica: invitó a un músico que, guitarra y canciones mediante, nos acompañó con ese repertorio popular argentino y norteño tan familiar para quienes llevamos años caminando las provincias de nuestro país.
Entre una canción y otra, las conversaciones, las sonrisas y alguna que otra voz que se sumaba a cantar fueron dando forma a una velada entrañable.
Sin embargo, hubo algo que llamó particularmente mi atención.
La cara de felicidad de Francisco Mendoza.
Mientras nosotros disfrutábamos de la música, él nos observaba con una alegría difícil de disimular. Su expresión me recordó a la de alguien que recibe en su casa a un amigo querido después de mucho tiempo sin verlo. No parecía estar pendiente únicamente de atender a un grupo de visitantes, sino de comprobar que todos estuviéramos pasando un buen momento.
Y eso, para mí, tiene un valor enorme.
Porque un establecimiento puede tener una hermosa decoración, una excelente carta o una ubicación privilegiada, pero conseguir que un visitante se sienta verdaderamente bienvenido depende de algo mucho más humano.
La cena también tuvo sus protagonistas. Un sabroso pollo con arroz, servido en aquella mesa compartida, y unos dulces de postre acompañaron la música y las conversaciones. Platos sencillos que disfrutamos sin apuros, con esa tranquilidad que aparece cuando nadie tiene demasiadas ganas de levantarse.
Y entre los recuerdos de aquella noche también quedó un personaje muy especial: un enorme perro blanco que inmediatamente me hizo pensar en Fújur, el dragón de la suerte de la película La historia sin fin. Su aspecto despertaba una ternura imposible de ignorar y terminó formando parte de las anécdotas que me llevé de Villa Unión.












Una noche que todavía tenía sorpresas
Cuando creíamos que la cena había terminado, Francisco nos esperaba afuera con otra propuesta: su particular trencito turístico, iluminado con luces fluorescentes y acompañado por música de cumbia.
¡De las canciones norteñas pasamos a la alegría de un trencito que invitaba a seguir disfrutando!
Esta iniciativa de Mendoza también forma parte de su propuesta turística, con paseos que permiten recorrer las calles de Villa Unión de una manera diferente y divertida.
Y allí comprendí que aquella recepción había sido pensada para que nos lleváramos mucho más que el recuerdo de una buena comida.
Francisco, cordobés de origen y riojano por elección, encontró en Villa Unión un lugar donde desarrollar su proyecto gastronómico y continuar haciendo lo que tanto disfruta: recibir viajeros, compartir historias y ofrecerles una experiencia cercana a las costumbres del interior argentino.
Aquella noche me dejó mucho más que una experiencia gastronómica. Me recordó cuánto valor tienen los encuentros humanos en cada viaje y cómo un gesto sincero puede permanecer en nuestra memoria mucho después de haber regresado a casa.
Me fui de Villa Unión con el corazón agradecido. Gracias a Dios por permitirme recorrer nuestro país, conocer sus historias y encontrar personas como Francisco Mendoza, que hacen de la hospitalidad una hermosa manera de compartir la vida.
Por Debora Ruiz | Infoturismoargentina







