
En la Casa Histórica de la Independencia, los recuerdos escolares se encuentran con el patrimonio que podemos recorrer. Sus salas, el Salón de la Jura y las obras de Lola Mora permiten acercarse al lugar donde, el 9 de julio de 1816, se declaró la Independencia: una visita imprescindible para comprender el papel de Tucumán en la historia argentina.
Muchos la conocimos primero en una lámina escolar. Dibujamos su fachada, coloreamos sus puertas y la llamamos “casita de Tucumán”, con esa familiaridad que conservamos desde la infancia. Al visitarla, comprendemos cuánto quedaba por conocer detrás de aquella imagen: la amplitud de sus patios, la historia de sus habitaciones y la importancia de lo que ocurrió allí.
La Casa Histórica de la Independencia, en pleno centro de San Miguel de Tucumán, nos permite darle una dimensión concreta a una fecha que aprendimos de memoria. Entrar significa acercarnos al escenario donde se discutió y se tomó una decisión fundamental para nuestro país.
La recorrimos durante el FamPress internacional de periodistas turísticos, acompañados por Ramón Veliz, guía del Ente de Turismo de Tucumán. Este tramo provincial nos permitió compartir con colegas de distintos países un patrimonio que ocupa un lugar central en nuestra identidad.
POR QUÉ LA INDEPENDENCIA SE DECLARÓ AQUÍ
En 1816, el proceso iniciado con la Revolución de Mayo todavía enfrentaba amenazas militares y profundas diferencias políticas. Fernando VII había recuperado el trono español y buscaba restablecer su dominio sobre los territorios americanos. Mientras San Martín preparaba su campaña libertadora, declarar la Independencia era una necesidad para afirmar el rumbo de las Provincias Unidas.
Celebrar el Congreso en Tucumán también buscaba acercar posiciones entre Buenos Aires y las provincias, cuyas relaciones atravesaban fuertes tensiones. Las sesiones comenzaron el 24 de marzo y, el 9 de julio de 1816, 29 diputados suscribieron la declaración de Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica.
La vivienda pertenecía a la familia de Francisca Bazán de Laguna. Ante la falta de un edificio público adecuado, fue elegida para albergar el Congreso. Para disponer de un espacio suficientemente amplio, se unieron dos ambientes al retirar la pared que los separaba: allí quedó conformado el salón donde se declaró la Independencia.
EL SALÓN ORIGINAL Y LA CASA QUE RECUPERAMOS
El Salón de la Jura es el punto central del recorrido. Saber que ese espacio sobrevivió a las transformaciones del edificio cambia nuestra manera de observarlo: sus paredes conservan una relación material con aquel acontecimiento de 1816.
La casa sufrió modificaciones y un deterioro que llevó, en 1904, a demoler gran parte de la construcción. Se preservó el salón histórico dentro de una estructura protectora. Décadas después, la reconstrucción dirigida por el arquitecto Mario Buschiazzo recuperó la fisonomía de la vivienda a partir de fotografías, planos y documentación. Fue inaugurada en 1943, dos años después de su declaración como Monumento Histórico Nacional.
Conocer ese proceso también permite valorar el trabajo de conservación. Lo que hoy recorremos reúne el espacio original resguardado y la reconstrucción que hizo posible recuperar la imagen de la casa.









QUÉ ENCONTRAMOS EN SUS SALAS
El museo ofrece un recorrido por la historia de la vivienda y el proceso independentista. La renovación de su exhibición principal, presentada en 2022, organizó seis salas: cinco dedicadas a la historia y una destinada al encuentro con escuelas y familias, la recreación y el descanso.
La propuesta amplió la mirada sobre aquella sociedad, incorporando a mujeres, pueblos originarios, afrodescendientes y sectores populares. Así, la visita ayuda a comprender quiénes habitaban y sostenían la vida cotidiana durante esos años.
El acervo del museo incluye mobiliario, pinturas, retratos, monedas, armamento, vajilla y objetos religiosos de los siglos XVIII y XIX. Estos bienes aportan referencias para imaginar la época, aunque la colección completa supera lo que puede exhibirse en las salas.
La incorporación de versiones del acta en quechua y aymara, junto con recursos para escuchar su lectura, permite conocer cómo se difundió la declaración en otras lenguas. Es un detalle que invita a pensar la Independencia desde la diversidad de los pueblos que formaban parte de aquel territorio.
LOLA MORA Y OTRA MANERA DE CONTAR LA HISTORIA
En el Patio de Homenajes, los dos bajorrelieves de bronce de Lola Mora merecen una pausa. Representan la Revolución de Mayo de 1810 y la Declaración de la Independencia de 1816.
Realizados en Italia, formaron parte del conjunto que protegió el salón histórico a comienzos del siglo XX y fueron emplazados en este patio en 1966. Observar sus figuras y gestos permite acercarse a la interpretación artística de dos momentos decisivos de nuestra historia.
UN PATRIMONIO QUE SIGUE CONVOCANDO
La importancia turística de la Casa también puede medirse en su afluencia. Según el balance del Observatorio Turístico provincial, en julio de 2026 recibió 68.472 visitantes. Durante ese mismo mes, el espectáculo de luz y sonido convocó a otras 2.549 personas. Son cifras correspondientes a ese período, que muestran la capacidad del sitio para reunir a miles de visitantes alrededor de nuestra historia.
La propuesta “Luces y Sonidos de la Independencia” permite complementar el recorrido con una narración audiovisual de los acontecimientos que condujeron a la declaración. Se realiza al anochecer y tiene entrada propia; conviene consultar la programación y adquirir los tickets antes de asistir. Las funciones se suspenden por lluvia.
El museo está ubicado en Congreso 141 y su visita es gratuita. Por su ubicación, puede integrarse a una caminata por el centro histórico de San Miguel de Tucumán.
Para Tucumán, esta casa es parte de su vida cultural y de su vínculo con quienes llegan. Para el país, conserva el escenario de una decisión que nos sigue convocando a pensar qué significa ser independientes.
Desde Infoturismoargentina, recorrerla nos permitió reencontrarnos con aquella imagen escolar y comprenderla mejor. La “casita” de nuestros recuerdos tiene patios, historias y un patrimonio que merece tiempo. Visitarla es una oportunidad para conocer, desde Tucumán, una parte esencial de la Argentina que compartimos.
Por Debora Ruiz / Infoturismoargentina
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