
En Chilecito, La Rioja, la antigua finca del escritor y educador abre sus puertas para conocer su historia entre jardines, galerías y salas de museo.
Debo confesar que me dieron ganas de vivir allí. Mientras caminaba por Samay Huasi, imaginé una mañana en la galería, un café frente al jardín y tiempo para escribir. Miraba los árboles, los senderos y la casona, y no podía evitar remontarme a los años en que Joaquín V. González recorría esas mismas tierras.
Un cartel de madera rodeado de flores y piedras señalaba el ingreso. Más adelante, los helechos junto a las columnas y las macetas acompañaban la arquitectura de paredes claras. Todo se veía cuidado, con detalles que despertaban mi curiosidad y me hacían detener el paso.
Samay Huasi significa “casa de reposo” en quechua. Antes se llamaba La Carrera y perteneció al británico William Treloar. En 1913 pasó a manos de González, quien la convirtió en su refugio; desde 1941 integra el patrimonio de la Universidad Nacional de La Plata.
Nacido en Nonogasta en 1863, Joaquín Víctor González fue escritor, jurista, gobernador de La Rioja, ministro y senador nacional. Impulsó la creación de la Universidad Nacional de La Plata en 1905 y dejó obras como Mis montañas y La tradición nacional. Pero al entrar en su vivienda, mi atención se dirigió hacia las pequeñas referencias de su vida cotidiana.
Las fotografías, los documentos y los retratos permitían ponerle rostro a esa trayectoria. En la recreación de su dormitorio, la cama de estructura metálica, el cubrecama y los muebles acercaban la visita a una intimidad difícil de encontrar en una biografía. Me pregunté qué habría leído antes de dormir o cómo serían sus primeras horas del día en aquel entorno.
Afuera había otra parte de su historia. González trazó las avenidas del parque, plantó árboles frutales y cuidó flores y una huerta. Saberlo le dio un sentido distinto a lo que estaba viendo: aquel paisaje también era resultado de su trabajo y de sus preferencias. Podía imaginarlo dedicado a esas tareas, lejos por un rato de sus responsabilidades públicas.
Una reflexión suya exhibida en una pared del museo relacionaba la vida y la muerte con la continuidad de la naturaleza. Leerla allí me ayudó a comprender el vínculo que había construido con su tierra. Las palabras encontraban una referencia cercana en la vegetación que acababa de contemplar.














El recorrido cultural incluye la sala iconográfica, la biblioteca y el dormitorio recreado. Se completa con el Museo Mis Montañas, que reúne colecciones arqueológicas y de ciencias naturales de la región, y la Pinacoteca Antonio Alice, con obras de artistas argentinos. Conviene disponer de tiempo para mirar las exhibiciones y disfrutar del exterior, donde la amplitud del predio invita a caminar sin apuro.
Me pareció especialmente valioso el buen estado del conjunto. La conservación de sus ambientes permite acercarse a la historia sin perder la calidez de una casa. Esa fue una de las razones por las que me resultó tan fácil imaginar una estadía allí.
Y quedarse es posible: Samay Huasi funciona también como casa de descanso y ofrece hospedaje al público general. Incluye desayuno, almuerzo y cena, con habitaciones de baño privado o compartido, dentro de una propuesta de casa de campo. Las reservas se gestionan previamente mediante la Dirección de Servicios Sociales de la UNLP, según disponibilidad y condiciones vigentes.
Declarada Monumento Histórico Nacional en 2021, la finca está en Facundo Quiroga 36, distrito San Miguel, a unos dos kilómetros de Chilecito. La información turística provincial indica entrada gratuita y apertura diaria de 9 a 18. Las consultas sobre el museo pueden realizarse al (03825) 422629; para alojamiento, están disponibles las «condiciones y el formulario de prerreserva de la UNLP» (https://dss.unlp.edu.ar/venia-a-samay-huasi/).
Al irme, pensé en lo que me faltaba conocer: la luz del amanecer sobre las galerías, una tarde de lectura, el jardín a distintas horas. Había llegado para visitar la casa de Joaquín V. González y terminé imaginando cómo hacerme un lugar, por unos días, en ese paisaje.
Por Debora Ruiz / Infoturismoargentina
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