INFO TURISMO ARGENTINA

SALTA Y TUCUMÁN: CANCIONES, SABORES Y ENCUENTROS QUE RECORDARÉ SIEMPRE

Por Jacqueline Granda Marcillo

Bitácora personal del viaje de prensa de la Organización Mundial de Periodismo Turístico por el norte argentino.
En septiembre de 2026 continué mi primer viaje por Argentina como parte del recorrido de prensa de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT). Después de descubrir Jujuy, llegó el turno de Salta y Tucumán, dos provincias que me regalaron historia, paisajes, gastronomía, música y encuentros que terminaron convirtiéndose en recuerdos personales.
Esta etapa estuvo coordinada por María Ulivi y Debora Ruiz, a quienes agradezco por acompañarnos y ayudarnos a descubrir tantos rincones de la región.
El viaje también me permitió compartir días intensos con colegas que terminaron convirtiéndose en compañeros de aventuras. Rapha, de Brasil, que vive en Alemania; Eric, de Perú; Yovani, de Venezuela; y yo, desde Ecuador, fuimos construyendo una bonita complicidad. Nos acompañamos, nos reímos y nos ayudamos, incluso en las jornadas más exigentes. Esa amistad hizo que cada experiencia fuera todavía más especial.

Salta: una ciudad que se escucha, se saborea y se vive.

Nuestra llegada a Salta comenzó en el Complejo Adobe, una casona de estilo colonial que combina espacios gastronómicos y hoteleros. Sus paredes de adobe, patios y ambiente tradicional nos dieron una primera aproximación a la arquitectura y la identidad salteña. Allí degustamos especialidades regionales, entre ellas la tradicional empanada salteña, que fue una deliciosa bienvenida.
Después salimos a conocer la ciudad. Recorrimos la Plaza 9 de Julio, la Catedral Basílica y el Cabildo Histórico, espacios que conservan parte importante de la memoria de Salta. También visitamos el Museo de Güemes y el Museo San Francisco, cuyo patrimonio permite acercarse a distintos momentos de la historia local.
Uno de los lugares que más me impactó fue el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM). Allí se conservan los Niños del Llullaillaco, tres niños incas cuyos cuerpos preservados fueron encontrados en 1999 en la cima del volcán Llullaillaco, junto con objetos vinculados al ritual que acompañó su entierro. Conocer su historia fue una experiencia conmovedora y una de las visitas que más me sorprendieron durante mi paso por Salta. Es un lugar que invita a reflexionar sobre las creencias, los conocimientos y la cosmovisión de las sociedades andinas.
También disfrutamos de un asado en Rincón del Olivo, donde tuve la oportunidad de ser parrillera por un día junto a un especialista. Fue una experiencia divertida, de esas que te permiten participar y aprender mientras compartes la mesa.
Y para contemplar Salta desde otra perspectiva, subimos al Teleférico San Bernardo. El recorrido asciende hasta la cima del cerro, desde donde se disfruta una vista panorámica de la ciudad y de las montañas que la rodean. Ver el paisaje desde las alturas fue una forma diferente de reconocer la geografía de Salta y apreciar cómo la ciudad se integra con su entorno.

El Tour de las Peñas: conocer Salta a través de su música.
Una de las experiencias más especiales fue el Tour de las Peñas, guiado por Ezequiel Mantella, quien creó una propuesta que combina música, gastronomía, baile e historias locales.
Su trayectoria me pareció inspiradora. Ezequiel trabajaba anteriormente en un empleo que le ofrecía pocas oportunidades de crecimiento académico. Al descubrir la satisfacción que le producía acompañar a turistas extranjeros y compartir con ellos la cultura de su ciudad, decidió estudiar turismo. De esa experiencia nació su tesis, El Tour de las Peñas, con su pasaporte de visita, que terminó convirtiéndose en un proyecto turístico propio.
Lo interesante es que no se limita a llevar visitantes de un sitio a otro: él mismo acompaña el recorrido, explica el valor de cada lugar, nos acerca a la música folclórica y nos invita a participar, incluso aprendiendo algunos pasos de los bailes regionales. Las degustaciones gastronómicas y el contacto directo con quienes mantienen viva esta tradición hacen que la experiencia sea mucho más que una salida nocturna.
Durante el recorrido conocimos peñas con personalidades diferentes.
Peña Boliche Balderrama
Balderrama es uno de los grandes nombres del folclore argentino. Su historia quedó inmortalizada en la zamba Balderrama, con letra de Manuel J. Castilla y música de Gustavo “Cuchi” Leguizamón. La canción llevó el nombre de la peña mucho más allá de Salta.
Visitarla es acercarse a una parte importante de la memoria musical del país. La música en vivo, la danza y la gastronomía regional forman parte de una experiencia que conecta a los visitantes con una tradición que continúa vigente.
La Güemesiana
La Güemesiana une gastronomía, música y referencias a la historia del general Martín Miguel de Güemes y la cultura gaucha. Fue, además, el escenario de uno de los recuerdos más emotivos de mi viaje.
Una de las canciones favoritas de mi papá es Luna Tucumana. Gracias a la complicidad de María Ulivi y del cantante Joaquín Galarza, pude escucharla interpretada y dedicada a mí.
No pude contener las lágrimas. Con una copa de vino en la mano, canté con todas mis fuerzas y brindé por la vida y por mi papá. Fue uno de esos momentos en los que un viaje deja de ser solamente un recorrido por lugares y se convierte en una experiencia que toca la historia personal de quien viaja. Esa canción me acercó a mi familia aun estando lejos de casa.

La Nueva Panadería del Chuña
La Nueva Panadería del Chuña es otra de las propuestas que encontramos en el circuito de las peñas salteñas. Su concepto combina gastronomía regional y folclore en un espacio pensado para compartir la comida y la música. Es una muestra de cómo la tradición sigue encontrando nuevas formas de presentarse al público sin perder su vínculo con la identidad local.

La Casona del Molino
La Casona del Molino ofrece una experiencia distinta: una peña tradicional en una antigua casona, donde la música puede surgir espontáneamente entre las mesas y los distintos ambientes de la casa. Aquí, la guitarra, las voces y las conversaciones se mezclan con los platos típicos y los vinos de la región.
Más que un espectáculo organizado para mirar desde una silla, es un espacio de encuentro en el que músicos y público comparten de manera cercana. Esa espontaneidad permite entender por qué las peñas forman parte tan importante de la vida cultural salteña.
El recorrido me ayudó a comprender que el folclore no es solamente un género musical o una presentación para turistas. Es memoria, identidad, gastronomía, baile y una forma de reunirse. También me hizo sentir el cariño que muchas personas en Salta tienen por Ecuador. Varias conversaciones y gestos de cercanía me recordaron que la cultura puede tender puentes entre países y personas.

San Lorenzo: naturaleza, historia y aire de montaña
A pocos kilómetros de la ciudad de Salta se encuentra San Lorenzo, un lugar que invita a bajar el ritmo y acercarse a la naturaleza. Allí visitamos la Reserva Municipal Las Yungas, el Museo de la Gesta Güemesiana y Gaucha, el Museo del Automóvil y la Quebrada de San Lorenzo.
La Reserva Municipal Las Yungas conserva un fragmento de la ecorregión de las Yungas, ese bosque de montaña que se extiende por las laderas orientales de los Andes y se caracteriza por su vegetación abundante, humedad y diversidad de ambientes. La reserva municipal protege unas 66,5 hectáreas y permite acercarse a un ecosistema fundamental para la biodiversidad regional.
Para quienes disfrutamos de la naturaleza, estos espacios permiten apreciar cómo cambian la vegetación y el paisaje con la altitud, además de reconocer la importancia de conservar los bosques y el agua. Como amante de la observación de aves, me interesa especialmente que estos ambientes alberguen una gran variedad de especies y que el turismo pueda contribuir a valorar su conservación.
También conocimos la Quebrada de San Lorenzo, uno de los paisajes más reconocidos de la zona. El río, la vegetación y el microclima crean un entorno fresco y verde, muy diferente del paisaje urbano. Las laderas cubiertas de vegetación, los senderos y las construcciones que aparecen en el camino ayudan a comprender por qué este lugar ha inspirado canciones y poemas.
La quebrada invita a caminar sin prisa, escuchar el agua y disfrutar del paisaje. En sus alrededores hay espacios para descansar, disfrutar de la gastronomía y conocer productos artesanales. Es una visita que permite combinar naturaleza, historia y vida local, y que recuerda la importancia de proteger estos entornos para que continúen formando parte de la experiencia de quienes visitan San Lorenzo.
Otra visita interesante fue el Museo del Automóvil de Salta, ubicado en Villa San Lorenzo. Nació en 2012 a partir de la pasión de Daniel Chilibertto por los vehículos antiguos y clásicos. Su colección reúne automóviles y objetos relacionados con la historia del automóvil, y se enriquece con nuevas piezas y elementos a lo largo del tiempo.
Me gusta encontrar espacios que nacen de la pasión de una persona y se convierten en una propuesta que puede compartir con otros. En este caso, los vehículos no son solamente objetos de colección: también cuentan historias sobre el diseño, la tecnología, los cambios en la movilidad y la relación de distintas generaciones con los automóviles.
Durante nuestra estancia también visitamos el Museo de la Gesta Güemesiana y Gaucha, dedicado a la historia de Martín Miguel de Güemes y al papel de los gauchos en las luchas por la independencia. Estos espacios ayudan a comprender por qué la figura de Güemes sigue tan presente en la identidad del norte argentino.
Después de las visitas, disfrutamos de una comida de campo y de una merienda en Don Numas. Nos alojamos en el Hotel Selva Montana, rodeado de vegetación y con una atmósfera que invitaba a disfrutar del entorno. Me encantó encontrar ilustraciones de aves en las paredes, un detalle que conectó con una de mis grandes pasiones. Entre el paisaje, los sonidos de la naturaleza y la atención a la sostenibilidad, fue un lugar en el que pude apreciar otra faceta de San Lorenzo.

Lo de Michel: aprender a preparar empanadas salteñas
En San Lorenzo vivimos otra experiencia que combinó gastronomía y encuentro: una clase de cocina en Lo de Michel, junto a Matías Michel.
Matías obtuvo el cuarto lugar en el Concurso Provincial de la Empanada de 2025 y fue reconocido como Embajador de la Empanada Salteña. Durante la actividad nos compartió algunos de sus secretos para preparar este plato tan representativo de la región.
La mejor parte fue poner las manos en la masa. Mis compañeros de viaje también se animaron a participar y Hugo Hernández, de Colombia, fue un compañero encantador con quien intenté preparar unas empanadas deliciosas. Chuy Coronado, de México, aportó su creatividad, humor y espíritu colaborativo, como si fuera el MasterChef del grupo. Entre todos convertimos la clase en un momento divertido, lleno de aprendizaje y complicidad.
La experiencia estuvo acompañada por la música de Solo 2 Folklore, que aportó el ambiente perfecto para disfrutar de una tradición que se transmite tanto en la cocina como en las canciones.
Me gusta cuando una experiencia turística permite aprender algo que después podemos intentar reproducir en casa, pero también cuando nos ayuda a comprender el valor cultural de una receta. Una empanada puede parecer algo sencillo, pero detrás de ella hay conocimientos, costumbres y una historia que cada familia y cada cocinero interpreta a su manera.
Rosario de la Frontera: una pausa para el bienestar
Nuestro recorrido también nos llevó a Rosario de la Frontera, donde nos alojamos en el Hotel Termas de Rosario de la Frontera.
Después de tantos desplazamientos y actividades, disfrutar de sus instalaciones termales fue una oportunidad para hacer una pausa. Tuve la posibilidad de recibir un masaje de drenaje linfático y un tratamiento para las vías respiratorias. Fue una experiencia agradable para descansar y disfrutar de una propuesta de bienestar vinculada con la tradición termal de la zona.
Tucumán: historia, azúcar y una voz que atraviesa generaciones
Después de Salta, continuamos hacia Tucumán, una provincia fundamental para comprender la historia argentina y también un lugar que me permitió acercarme a figuras y expresiones culturales que forman parte de la memoria latinoamericana.
En San Miguel de Tucumán recorrimos el Parque 9 de Julio, la Plaza Independencia, la Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación, la Iglesia San Francisco, la Casa de Gobierno y el Teatro Mercedes Sosa. También encontramos el monumento a la Libertad, obra de Lola Mora, y la estatua de Mafalda, que siempre despierta una sonrisa y recuerda la capacidad del humor para decir cosas importantes.
Uno de los lugares que más me interesó fue el Museo de la Industria Azucarera, ubicado en el Parque 9 de Julio. Funciona en la histórica casa del obispo José Eusebio Colombres, una figura vinculada con el desarrollo del cultivo de la caña de azúcar en Tucumán.
El museo permite conocer los comienzos y la evolución de una actividad que marcó profundamente la economía, el paisaje y la sociedad tucumana. A través de maquinaria, objetos históricos, documentos y recursos audiovisuales, se puede comprender cómo la producción azucarera transformó la provincia y se convirtió en parte esencial de su identidad.
Visitarlo ayuda a mirar más allá del producto final: detrás del azúcar hay historia, trabajo, tecnología y comunidades cuya vida estuvo ligada a los ingenios y a los cambios de esta industria.
Pero si hubo un lugar que tuvo un significado especialmente emotivo para mí, fue la Casa Natal de Mercedes Sosa.
Mercedes fue mucho más que una cantante extraordinaria. Su voz acompañó a generaciones, cruzó fronteras y dio espacio a canciones que hablan de la dignidad, la solidaridad y la condición humana. Su sensibilidad y su compromiso hicieron que su música llegara a personas de distintos países y realidades.
Visitar la casa donde nació permite acercarse a la mujer detrás de esa voz universal. El espacio conserva recuerdos y recursos que ayudan a recorrer su vida personal y artística. Para mí, estar allí fue pensar en cómo una persona nacida en un lugar concreto puede llegar a conmover a millones de personas en todo el mundo.
También recordé a mi papá y su canción favorita, Luna Tucumana, que había escuchado dedicada a mí en La Güemesiana, en Salta. De alguna manera, esa emoción me acompañó hasta Tucumán y conectó dos momentos distintos del viaje. La música tiene esa capacidad de unir lugares, recuerdos y personas que llevamos con nosotros.
Por eso considero que la Casa Natal de Mercedes Sosa es una visita imprescindible para quienes viajan por Argentina y desean comprender no solo su música, sino también la historia y la sensibilidad de una artista cuya voz sigue viva más allá de su tiempo.
El Dúo San Fernando: mantener viva la música desde la infancia
Durante nuestra experiencia en Tucumán también conocimos al Dúo San Fernando, un grupo de folclore que, además de compartir su música, desarrolla una labor muy valiosa a través de su escuela de música para niños.
Me parece importante destacar este tipo de iniciativas porque la cultura no se conserva únicamente en los museos o en los escenarios. También se mantiene viva cuando alguien dedica su tiempo a enseñar, cuando una niña o un niño aprende sus primeras notas y cuando las canciones tradicionales encuentran nuevas generaciones dispuestas a interpretarlas.
La escuela de música del Dúo San Fernando representa precisamente esa continuidad: el folclore como una expresión que se aprende, se comparte y se transforma con cada generación. Fue bonito descubrir que detrás de la música también existe un compromiso con la formación de los más pequeños y con el futuro de la identidad cultural de la región.

El Cadillal: un paisaje tucumano para mirar desde el agua y las alturas
Nuestro recorrido por Tucumán incluyó también El Cadillal, un destino natural situado a unos 25 minutos de San Miguel de Tucumán, alrededor del dique Celestino Gelsi.
El paisaje cambia al llegar: el espejo de agua, las montañas y la vegetación crean un escenario muy distinto al de la ciudad. El Cadillal combina naturaleza y actividades recreativas, por lo que es una alternativa para quienes desean disfrutar del aire libre y descubrir otra faceta de la provincia.
En el complejo Puerto Argentino hay miradores, terrazas con vistas al lago, espacios para descansar, propuestas gastronómicas, puestos de artesanías y un anfiteatro donde se realizan actividades y espectáculos. También se encuentra un museo arqueológico que permite acercarse a las huellas de las culturas precolombinas que habitaron la región.
Para quienes buscan una experiencia más activa, el lugar ofrece propuestas como kayak, senderismo, ciclismo de montaña y otras actividades al aire libre. El paseo en barco y las aerosillas, que permiten ascender para contemplar el dique desde las alturas, son otras formas de apreciar el paisaje.
Me gustó descubrir que El Cadillal puede disfrutarse de distintas maneras: como un lugar para contemplar el agua y las montañas, compartir una comida, conocer la historia del territorio o practicar actividades en contacto con la naturaleza. Es una visita que amplía la imagen que uno puede llevarse de Tucumán más allá de sus atractivos históricos.

El Cardón: sabores tucumanos y una anfitriona inolvidable
La gastronomía volvió a ocupar un lugar importante durante nuestra estancia en Tucumán. En El Cardón, su propietaria, Liliana Campero, recibió a la delegación de la OMPT con una calidez que no olvidaré.
Tuve la oportunidad de conversar con ella y darle un abrazo, además de felicitarla por la deliciosa comida. Liliana había recibido un importante reconocimiento en el Senado de la Nación por su trayectoria y su contribución a la gastronomía argentina. Conocer a una mujer que ha construido una carrera alrededor de los sabores de su tierra y que sigue compartiéndolos con tanta dedicación fue una experiencia muy especial.
Disfrutamos de humita, tamal y vino, servido en unas hermosas jarras blancas con forma de pingüino. Son esos detalles que hacen que una comida se recuerde no solo por su sabor, sino también por la creatividad, el ambiente y las personas que la hacen posible.
La noche tuvo además una protagonista musical: la cantante Adriana Tula, cuya voz acompañó la velada y puso el broche artístico a una experiencia llena de sabores y hospitalidad.
Viajar también es crear recuerdos
De Salta y Tucumán me llevo mucho más que fotografías. Me llevo la emoción de escuchar una canción que me conecta con mi papá, la sorpresa de descubrir el patrimonio de los pueblos andinos, el aprendizaje de preparar empanadas salteñas, los paisajes verdes de San Lorenzo y El Cadillal, y las conversaciones con personas que trabajan para mantener viva su cultura.
Gracias a María Ulivi y a Debora Ruiz por acompañarnos durante esta etapa, a la OMPT por hacer posible el encuentro y a todas las personas que nos recibieron y compartieron sus historias, conocimientos y tradiciones.
Este viaje me confirmó algo que siempre he sentido como periodista turística: detrás de cada destino hay personas que le dan sentido. Una canción puede revelar una historia, una receta puede explicar una identidad y una visita puede convertirse en un recuerdo familiar que nos acompaña durante años.
Salta y Tucumán me recibieron con música, sabores y encuentros que recordaré siempre. Y, como ocurre con los viajes que realmente nos marcan, me dejaron con ganas de volver para seguir descubriendo todo lo que todavía queda por conocer.

Por Jacqueline Granda Marcillo

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